¿POR QUÉ EL VERANO ES EL MOMENTO EN EL QUE MÁS RADICALES LIBRES SE GENERAN?
Durante los meses de mayor exposición solar, nuestra piel se convierte en el principal campo de batalla frente a un fenómeno que ocurre a nivel celular y que acaba pasando factura en nuestra piel: el estrés oxidativo. La radiación UV, el calor, el cloro de la piscina o la contaminación de las ciudades disparan la producción de radicales libres, unas moléculas inestables capaces de dañar nuestras células y acelerar el envejecimiento cutáneo.
Hoy vamos a descubrir qué son realmente los radicales libres, por qué el verano es su estación favorita y, sobre todo, cómo podemos ayudar a nuestra piel a defenderse de ellos.
¿Qué son los radicales libres y por qué nos afectan más en verano?
Los radicales libres son moléculas inestables que se generan de forma natural durante distintos procesos metabólicos del organismo. En cantidades controladas, participan en funciones celulares necesarias y no tienen por qué resultar perjudiciales.
El problema aparece cuando su producción se dispara hasta un punto en el que los sistemas antioxidantes naturales de la piel ya no son capaces de neutralizarlos. Se produce entonces un desequilibrio conocido como estrés oxidativo.
Durante el verano, la piel está expuesta a una mayor concentración de factores capaces de favorecer este proceso: la radiación solar, el calor, la contaminación, el cloro, la sal, la sudoración y el aumento del tiempo que pasamos al aire libre. Todos ellos pueden incrementar la generación de especies reactivas de oxígeno y, con ella, el riesgo de desequilibrio.
Cuando este desequilibrio se mantiene en el tiempo, las especies reactivas pueden alterar componentes esenciales de las células, como los lípidos, las proteínas y el ADN. También pueden afectar a estructuras fundamentales para la firmeza y la elasticidad cutánea, como el colágeno y la elastina, acelerando el envejecimiento cutáneo.
¿Qué le pasa a la piel cuando hay exceso de radicales libres?
Cuando el estrés oxidativo se mantiene en el tiempo, sus efectos se traducen en signos muy concretos y visibles sobre la piel:
- Fotoenvejecimiento: los radicales libres degradan el colágeno y la elastina, dos proteínas clave para la firmeza y elasticidad cutáneas. Esto se traduce en flacidez, pérdida de densidad y aparición de arrugas y líneas de expresión.
- Hiperpigmentación y manchas: el daño oxidativo estimula la actividad de la tirosinasa, la enzima responsable de la producción de melanina. Esto favorece la aparición de manchas e hiperpigmentaciones, especialmente en zonas más expuestas a la radiación solar como rostro, escote y manos.
- Deshidratación: las especies reactivas de oxígeno alteran los lípidos de la barrera cutánea (el “cemento” que mantiene unidas las células de la epidermis), debilitando su función barrera. Esto se traduce en una mayor pérdida de agua transepidérmica (TEWL) y una piel más deshidratada y sensible a agresiones externas.
- Inflamación: el exceso de radicales libres activa vías de señalización proinflamatorias, generando lo que se conoce como “inflammaging” (inflamación crónica de bajo grado asociada al envejecimiento). Se manifiesta con rojeces, sensación de tirantez y una piel más reactiva de lo habitual.
- Pérdida de luminosidad: la acumulación de daño celular ralentiza la renovación celular natural, dando lugar a un tono apagado, irregular y con menos vitalidad.
Cómo frenar el estrés oxidativo: el papel de los antioxidantes y la fotoprotección
Frente a este desequilibrio, la piel necesita las herramientas adecuadas para gestionar mejor esa sobrecarga de radicales libres.
Aquí es donde entra en juego el Sérum Nº1 Antioxidante Iluminador de THE LAB, cuya Vitamina C estabilizada, Ácido Ferúlico y Resveratrol neutralizan el exceso de radicales libres, estimulan colágeno y elastina, e iluminan y unifican el tono. Su Vitamina E y Glicerina refuerzan esa acción antioxidante y aportan una hidratación duradera, clave en una piel que en verano pierde agua con más facilidad.
Se debe aplica por la mañana, sobre la piel limpia, antes de la crema hidratante habitual.
Pero neutralizar los radicales libres no es suficiente si no se evita que se generen en exceso. Por eso el paso indispensable durante todo el año, pero especialmente ahora, es el Protocolo Defensa Avanzada SPF50+, una fotoprotección de amplio espectro con un 5% de Niacinamida de acción fotoreparadora del ADN, junto a activos calmantes que refuerzan la función barrera de la piel.
Se aplica como último paso de la rutina matutina, sobre el resto de productos, y debe renovarse cada 2-3 horas si hay exposición solar directa o tras el baño.
Antioxidante primero, protección solar después: esta combinación es la mejor estrategia para frenar el daño oxidativo en nuestra piel antes de que se haga visible.
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